Trobadas de acordeonistas

Cantaban los Chotos de Embún….

«Tendría que escribir unas cuantas canciones 
para nombrar a tantos que en esta olvidé, 
Félix Biniés y Los Tintoreros de Ayerbe, 
Lamala d’Echo, y Mariañón de Senegüé… 
…y no se ofendan si les digo que estos héroes 
no fue ninguno afamado compositor 
porque es más lindo un rabaño de estrellas 
brillando en la noche que el mismico sol. «

Podéis escuchar la canción entera en el siguiente enlace:

https://oschotos.bandcamp.com/track/que-siga-la-fiesta

Comentaban por Puente La Reina…

«San Sebastián es el patrón de Javierregay. Para amenizar sus fiestas siempre han venido músicos de fuera, a diferencia de otras fiestas menores en los que se aprovechaba la presencia de músicos locales: José Rey, de casa Juan Arcos, tocaba el acordeón, Pedro Araguás el violín y Abundio García, la guitarra; otros tocaban panderos o bandurrias en las rondas por las calles del pueblo.
Hubo años que las fiestas de San Sebastián duraron ocho días y hubo muchos que el músico que amenizaba el baile no era otro que Felix Biniés, el acordeonista de Biniés. Durante las fiestas se subía dos días a la ermita del patrón, actualmente en ruinas, para celebrar un día la Salve y otro la Misa. «

¿Quién fue Felix Biniés?

Felix Biniés Anaya (De Casa Valentín) fue alcalde Socialista en Biniés. Cuando comenzó la Guerra Civil tuvo que huir del pueblo, como tantos otros en nuestro país. Huyó a Francia. Al tiempo volvió a España y combatió por la república en Gavín , donde fue herido en una batalla. Fue trasladado a Boltaña, donde finalmente falleció. Fue conocido como el acordeonista de Biniés en ambos lados de Pirineo. Actualmente su acordeón está en el Museo de Artes del Serrablo «Angel Orensanz».

Acordeones y acordeonistas bajo las montañas.

El universo sonoro de las tierras pirenáicas conoció desde finales del S. XIX una innovación que, procedente del centro de Europa, se iba a extender por todo el mundo. El acordeón irrumpió con gran fuerza, conviviendo primero y sustituyendo después a instrumentos y agrupaciones tradicionales como la flauta y tambor (membranófono y de cuerdas), violín y guitarra, gaitas, etcétera. Eran múltiples las ventajas del acordeón respecto de otros instrumentos tradicionales: salvo averías y defectos producidos por desgaste, es de fácil mantenimiento, no es preciso afinarlo cada vez que se va a utilizar. Y quizá lo más importante – asociado a las nuevas tendencias de moda – son sus posibilidades polifónicas. Especialmente la disponibilidad de bajos y acordes, ya formados, en la mano izquierda le hacen muy apto para músicas rítmicas, y especialmente para las de las danzas entonces en boga. Precisamente esa aptitud para propiciar el baile, y sobre todo danzas «modernas», le hicieron ganar gran popularidad, a la vez que cierta aureola de inmoral para ciertos sectores sociales. Tanto que se le llegó a llamar «a mancheta d´o diaple», o sea, el fuelle del diablo, provocador de pecaminosas relaciones a través de «indecentes» bailes en los que las parejas se tocaban y aproximaban sus cuerpos más de lo permisible. Para la mayoría de la población – muy especialmente para la gente joven – se convirtió en un instrumento muy apreciado por su sonido y sus posibilidades. Y también para los organizadores de la fiesta, ya que otra característica del aparato es su autonomía: un sólo músico se convierte en orquesta completa, lo que le permite competir con formaciones clásicas como la guitarra y el violín o la dulzaina y el tambor. En realidad existe una amplia familia de instrumentos de lengüeta libre que van desde la armónica de boca al armonio de pedales, sin contar con parientes más remotos como los órganos de boca del Extremo Oriente. Con «aspecto» de lo que popularmente se conoce como acordeón (una caja que contiene unas lengüetas metálicas, un fuelle y unos botones, accionando el conjunto con las manos) podemos encontrar diferentes tipos que responden a dos principios básicos de funcionamiento: unisonoro (se obtiene la misma nota indistamente del sentido del movimiento que se imprima al fuelle) o bisonoro (distintos sonidos según se cierre o abra el fuelle). Además de ello, se hablará de acordeón «cromático» o «diatónico» según el modo como estén organizadas sus escalas en los teclados, aunque a veces las denominaciones resulten ambiguas. Concertina, bandoneón, melodeón, acordeón diatónico, cromático… Estos dos últimos, dotados de botones para ambas manos, fueron los más extendidos entre nosotros, aunque, sobre todo a partir de la mitad del siglo XX, fueron destronados por el acordeón cromático con teclado «de piano» para la mano derecha. A lo largo del siglo XIX se fue extendiendo por toda Europa, primero entre las clases burguesas y, a raíz de la instalación de fábricas primero en en Italia y Alemania, luego en toda Europa – que elaboraban instrumentos más económicos, entre las clases populares. Parece ser que la llegada por vía comercial al sur de los Pirineos no se produjo hasta la primera década del siglo XX. No obstante su aparición en las zonas pirenáicas se adelantó a ello por los habituales contactos entre ambos lados de la cordillera. Del Atlántico al Mediterráneo conoció una gran difusión, sea como solista o integrado en formaciones diversas. En los valles altoaragoneses se ha venido utilizando en todo tipo de actos, acompañando rondas, auroras, sobremesas, danzas rituales, lúdicas, y tanto en manos de profesionales como de aficionados. Entre los cientos de instrumentistas conocidos de todas las épocas podemos citar algunos como Noe «Sarasa» y los de Cornudella de Baliera, en Ribagorza; Campo, de Mediano y Matías Saila de San Juan de Plan, en Sobrarbe, Indalecio Barrio de Santa Cruz de la Serós y, uno de los más recordados por toda la Jacetania, la Canal y las altas Cinco Villas: Felix Biniés Anaya, de Biniés. Entre las muchas imágenes hermosas en las que aparecen acordeonistas podemos destacar las fotografías de Lucien Briet en Buerba con siete músicos, dos de ellos con acordeón diatónico, y la «Ronda en la Cruz de Arriba», en Echo, de Ricardo Compairé. El acordeón se reconoce como instrumento emblemático en tierras como Navarra o Bearn, y ha conocido en las últimas décadas un resurgir en tierras catalanas, con el impulso de encuentros como el de Arsèguel. Para tener una visión completa de la vida musical pirenáica es preciso no olvidar su importante presencia en el Alto Aragón. Y qué mejor lugar para recordarlo y vocearlo que la villa natal, y a la vez apellido, de un célebre acordeonista: Biniés.

Ángel Vergara

Historia de una vieja acordeón

En casa siempre estuvo aquella vieja acordeón. Sacarla, con motivo de alguna fiesta familiar, era intuir otras fiestas pero, sobre todo, oír sus lamentos (buena parte de la botonera hundida, fuelles desgastados…) y oír, atentos como niños ante el cuento de la vida, las historias que papá explicaba sobre el abuelo. 

Porque fue el abuelo, Félix Biniés Anaya, de casa Valentín, de Biniés, quien marchó a Francia con una caballería a comprar el acordeón. En todos los pueblos de «a rodolada», incluso de Navarra y del sur de Francia, conocían al «famoso acordeonista de Biniés», como lo citan en más de un libro. Eran tiempos duros y a las fiestas amenizadas por la riqueza musical del acordeón, se unían ya las voces que pedían justicia, enseñanza, pan… El abuelo fue alcalde en Biniés durante la II República y tuvo que huir y esconderse cuando el alzamiento de una parte del ejército en contra del gobierno republicano democráticamente elegido. El abuelo luchó en Gavín, defendiendo la República, y resultó herido en un fuego cruzado. El abuelo murió en Boltaña y nunca pudimos saber, con certeza, donde fue enterrado… 

También su viejo acordeón murió un poco con él. Para defenderlo, para defender el único recuerdo que le quedaba de su esposo, Antonia López Oros escondería el acordeón en otra casa de Biniés, en casa Santangraciero, a salvo así de los «caprichos», de las «humillaciones» de los fascistas. 

Pero en la década de los cincuenta volvería a atronar su canto aquella vieja acordeón. Esta vez de manos de Dionisio Biniés López, nuestro padre. De nuevo los bailes y la alegría de las fiestas. Hasta que los pobres de todas partes emprendieron el duro, pero esperanzado, camino de la emigración. A Zaragoza, a Barcelona, a Madrid…Y allí quedó de nuevo la acordeón, sellada en su funda, en la cómoda del pasillo. Si te acercabas y la mirabas atenta, oías su silencio. 

Con esta «I Trobada d’Acordeonistas» en Biniés hemos querido recordar, recuperar parte de la historia colectiva de los pueblos de la montaña. Unirnos, en definitiva, a los sueños y esperanzas de aquellos hombres y mujeres que pudieron palpar, como ahora nosotros, la magia y el embrujo de la acordeón. Nuestro agradecimiento a la Asociación Cultural El Focillo de Biniés y a todas las personas que han hecho posible esta primera «Trobada».

Presen y Puri Biniés Lanceta, nietas de Félix Biniés Anaya, el acordeonista de Biniés

EL ACORDEÓN EN EL PIRINEO DE HUESCA*

Antes de que, asociado a los bailes «agarrados», el acordeón empezara a hacer furor en la península de fin de siglo, el pequeño acordeón «de botones» ya se había difundido por toda la montaña oscense, llegado desde los Pirineos Occitanos. El acordeón se asoció sobre todo a bailes por parejas, adaptándose perfectamente a las corrientes locales del momento: la evolución moderna del Vals (desde finales del XVIII) y la adaptación, ya en el XIX, de las versiones cortesanas de la Polca y la Mazurca, favoreciendo su expansión. Desde el punto de vista del músico, aquel primer acordeón diatónico era además un instrumento cómodo: unía en un tamaño reducido melodía y acompañamiento -incluso muchos apreciaban el «ritmo» de sus mecanismos al abrir y cerrar-, sin además tener que preocuparse por afinarlo, ni por ir reemplazando los elementos sonoros, como en los instrumentos de cuerda o de lengüeta de caña. De esta manera, en el Alto Aragón aparece sobre todo acompañado de guitarra y violín, pero desbanca a otros instrumentos arcaicos incapaces de adaptarse a la «moderna» escala temperada, como en el caso de la cornamusa del país de Sobrarbe. En el Viello Aragón ocupará el lugar del chiflo y el salterio al ir desapareciendo estos en algunas danzas ceremoniales, pero no llega a formar dúo con ellos, tal como tardíamente pasaría en el valle bearnés de Ossau. (…) Los músicos que durante este siglo profundizaron con el acordeón diatónico cambiaron más tarde por los grandes acordeones cromáticos, lo cual, por su aprendizaje más especializado y su mayor precio, comportaban en sí un proceso de selección, diferenciándose el músico semiprofesional del «aficionado». En el medio rural, hoy abundan los cromáticos y la pequeña «curdión» es ya muy rara.

* Tomado de la revista El Mundo de los Pirineos, nº 5, sep-oct 1998, p. 56.

Álvaro de la Torre Músico e Investigador

1ª Trobada d’acordionistas

¿Quieres conocer lo que la prensa del momento comentó sobre la trobada?

Pincha en estos enlaces:

https://www.radiohuesca.com/noticia/250295/binies-celebra-este-sabado-la-i-trobada-de-acordeonistas

2º Trobada d’acodionistas

El acordeón volvió a atronar en Biniés hace ahora un año, después de muchos años de silencio, de olvido. La emoción, la alegría de las gentes de todos los pueblos de «a rodolada», que llenaron hasta no caber la iglesia, nos ha llevado de nuevo hasta aquí. Aún con el recuerdo de aquel día, en el que los acordeones nos hablaron de otros años y otras vidas, desde la Asociación Cultural El Focillo, de Biniés, unimos esfuerzos e ideas para hacer posible una segunda Trobada. 

Y en esta II Trobada los acordeones tomaran de nuevo las calles de Biniés, con su ronda, con su baile. Porque ahí está la esencia del acordeón, instrumento popular por excelencia, que hace posible la fiesta para todos y con todos. 

A todos los acordeonistas que hicieron posible, de manera absolutamente altruista, la I Trobada, les hicimos entrega de una reproducción en cerámica de una de las chamineras que se levanta, altiza, en el pueblo. Quería ser el símbolo de un fuego encendido, de una casa abierta, en este Alto Aragón nuestro cada día más despoblado. 

La fiesta, cuando es de todos, está ligada a la vida. Y la continuidad que supone esta II Trobada lleva implícito un mensaje de esperanza, de futuro, para todos estos pequeños pueblos que, como Biniés, podrían llenarse, con el tesón, con la iniciativa de sus gentes y de sus gobernantes, de nuevo de vida. 

Os invitamos a todos a llenar de participación una fiesta popular por excelencia, a acompañar a la ronda por todo el pueblo, a contemplar sus pintorescos rincones y asombrosos paisajes, a conocer sus casas, a charrar y echar un trago, con unos y otros, ante sus puertas abiertas.

¿Qué comentaba la prensa del momento?
Adjuntamos el enlace:
http://www.pirineodigital.com/noticias/2004/08/10/acordion-binies.htm