«Antes más»

«Antes más» es una expresión aragonesa que significa «Antiguamente».

Aquí aparecen varias entrevistas realizadas a personas mayores del pueblo, incluso a algunas de las que ya no están, y que nos recuerdan cómo se hacían las cosas «Antes más».

EL CÁÑAMO

María Sanz, de casa Satangraciero (Biniés), fue una vecina de la que guardamos todos especial recuerdo y siempre se le nombra con cariño. Ella nos explicaba sobre el año 2000 cómo hacían el cáñamo y la cal cuando ella era una cría (años 40), aquellos años en que “os críos treballaban desde os siete años”, años en que, como nos decía María , “lo vivíamos apurao pero no le dábamos importancia, hacíamos las cosas con nobleza, con voluntad”

El tejido del cáñamo tiene un color amarillento, poco a poco, tras sucesivos lavados, el color se vuelve blanco

 

La estopa, el resíduo del cáñamo se utilizaba para cosas más bastas: sacos, talegas…

 

“En mayo o junio se sembraba el cañamo. Se arrancaba a finales de septiembre y se dejaba secar. Dispués se esgranaba y en esgranar se ponía en manojos y fajos que se empozaban en balsas, de manantiales, cerca del río. Encima de os fajos se ponían piedras para que os fajos estuvieran bien empozaos. Así estaba ocho o diez días , o tiempo necesario para hacerse el cañamo. En que estaba cocido o hecho, se sacaban os fajos y se ponían os manojos a secar primero en la glera y dispués en las eras de casa. Una vez seco se mazaba con una maza de madera (se chafaba de tal manera que la paja de dentro quedara bien chafada ) Dispués se cascaba (con la cascadora) hasta que quedara el cañamo limpio, sin paja. Dispués se espadaba hasta que quedara ya completamente limpio de paja. Seguidamente se restrillaba con un restrillo de hierro para que quedara el cañamo limpio. El residuo que quedaba era la estopa. El cañamo limpio se empleaba para sabanas, servilletas, toallas… y la estopa para talegas y sacos (cosas más bastas).

Para hacer las sabanas de cañamo había que hilarlo, con la rueca y el huso, se hacían madejas que se ponían en roscaderos de mimbre (que hacían los gitanos en casa . En os roscaderos se cocían las madejas de cañamo con cenizas y agua caliente (estas coladas duraban dos o tres días, se colaban y se iba al río a aclarar) hasta que as madejas quedaban blancas. O roscadero se ponía encima de una coladera con una canal, el agua roya (con la ceniza) salía y se volvía al caldero. Dispués de los tres días de colada se ponían las madejas en devanadoras para hacer los ovillos de cañamo y se llevaban al tejedor (en Berdún o Arbués) para que hiciera las prendas.

La estopa, el residuo del cáñamo, se hilaba con la rueca y el huso e iba directamente al tejedor”.

Tipos de debanaderas de Biniés

 

Espadera

 

Antonié de Casa Castillo enseñando una maza para mazar el cáñamo

 

Cascadera de cáñamo.

 LA CAL

“ Se bajaba al río a buscar piedra blanca para hacer cal para blanquear paredes (para cal morena, para hacer mortero, se iba al monte a coger la piedra). Se hacía un agujero en la tierra donde se hacía el fuego, por encima se ponían las piedras en forma de bóveda, cuando la piedra abría ya estaba hecha la cal. Las piedras se llevaban a casa y se guardaban hasta que fuera menester. Cuando se habían de emplear pronto, antes de que se deshiciera, se ponían las piedras en un pozal con agua y ya se tenía la cal. La cal deshecha también se llegaba a pasar. Con la cal se blanqueaba y también se sulfataba”.

EL VINO

Bodega de Terrén

Si el vino es bueno, y no hay noticias en contra, se puede beber en vaso, en jarra de barro, en porrón, en la goma con que se saca del tonel, y en bota (…) Cuando Francisco de Goya escribía desde Burdeos a su amigo Zapater, decía: «Para mi casa no necesito de muchos muebles… una bota, un guitarrico, asador y candil, todo lo demás es supérfluo»

Biniés ha sido un pueblo cosechero. Actualmente las viñas se han perdido casi en su totalidad, lo que no se ha perdido es la costumbre de beber un buen vaso en compañía de amigos y vecinos. Todavía son muchas las casa que conservan bodegas de aquellas de antes. Con su trujal, trujaleta, cubas…

La mayoría de casa de Biniés tenían bodega y son muchos los que todavía la conservan: Paquito, Terrén, Felix, Mariana, Espierriz, Simón, Clavería, Simona, Mancho…

Los aragoneses siguen usando la bota, como su ilustre paisano de Fuendetodos:

Siempre que pingo la bota
me quedo encantau pensando
¡que güen oficio es beber
si no hubiá que dar de mano!

El beber «a gargalé» solo tiene una quiebra:
No hay carretera sin puente
ni puente sin carretera,
ni camisa de baturro
sin vino por la pechera

Del libro «La cocina aragonesa» José Vicente Lasierra Rigal. Mira Editores. Zaragoza, 1987 (Colección Temas)

Daniela Garcés Susín, de Casa Terrén, a menos de un mes de cumplir 94 años, nos cuenta como se hacía el vino en Biniés.

«En octubre, más o menos para el Pilar, se recogían las uvas de los campos, todo se hacía a mano.  Cada casa se recogía las suyas, íbamos a vendemar, se decía entonces. A nosotros no nos ayudaba ninguna casa, salvo el año que murió mi marido, que si que tuvimos que echar mano de algún vecino. Yo fui a ayudar alguna vez a Casa Simón y a Casa Margarita, que eramos vecinos, de aquellos vecinos que se decía entonces. Aunque antes más si no necesitabas ayuda del vecino, mejor»

«Al día siguiente o a los dos días de recoger se pisaba. Nosotros lo pisábamos en una bañereta grande de madera, que aún está por los graneros. Lo poníamos en un escalón que hay frente al laco y así hacía caída e iba para el trujal.  En todas las casas lo pisaba uno joven, pues hacía falta fuerza»

«Se echaba  todo lo que caía en el trujal, que hay casas que también lo llamaban lagar, así,  sin limpiar ni nada, tal cual del campo. Se dejaba un mes a reposo ahí dentro, todo junto.  Para cerrar el trujal por abajo poníamos una bola de sebo en la geta, donde la trujaleta, y así no se escapaba»

El trujal de Terrén por la parte de abajo

 

La trujaleta de Terrén, con forma redondeada, algo poco común en el pueblo.

«Cuando se sacaba, como la geta era pequeña salía el vino trascolau, sin raspas, y ya se encubaban. Dejábamos todos los tropezones dentro y se sacaban al día siguiente. Cuando se sacaban los restos se prensaba con una prensa todos los residuos. Aquello se llamaba vino de prensa y no era tan bueno como el otro. Se echaba también en cubas. A veces nos ayudaba a encubar Alfonso de Simón, pues mi marido tenía mucha amistad con él.»

«Biniés tenía por lo menos tres prensas, que aún están por ahí, aunque no recuerdo muy bien de quienes eran. Fíjate si había casas que hiciesen vino. 

  • En la nuestra prensaba mi padrastro (José Gracia), los de Simón, los de  Anchomigo, los de casa La Mata, los de Matilde ,  y Santangraciero y ya no me acuerdo si alguna más. Creo que los últimos que prensaron fueron los de Santangraciero. 
  • Otra prensa era de Maito, aquella era la prensa de los ricos, porque eran todas casas más pudientes y se compró la primera. Estaban ahí casa Cabero, Castillo, Margarita… 
  • Los de Mancho eran tan pudientes que tenían prensa particular, aquello era un lujo para esos tiempos. «

«El vino decían que era algo flojo, pero yo no lo sé porque a mi no me gusta el vino. Una vez de cría, mi padre me dio a probar y yo estaba con sarranpión  y me sentó muy mal,  y nunca más volvía beber.»

Daniela de Terrén y uno de sus nietos

 

Antonié de Castillo sacando vino de la trujaleta. «Ya eran otros tiempos», pues se ayuda de un pequeño motor. El cartel que tiene detrás reza: «El vino en Biniés pisado como Dios manda»

 

Antonié dentro del trujal.

 

Antonié y Poli Benedé prensando vino.

 

Las sillas de Biniés

 

Angeles Susín, de Casa Sastre actualmente es la mujer más mayor que vive en pueblo. A fecha de diciembre de 2018 nos concede un rato de charla en su casa para contarnos como hacían las sillas en Biniés.

«Mira niño, venía una empresa de Pamplona y nos traía por un lado el armazón de la silla y por otro la anea. Aquel hombre jugaba con nosotros, y nosotros entrabamos en el juego por ganar cuatro perras. Tenía un taller o fábrica, o lo que sea ahí en Navarra y cada 8 días o así,  traía un camión de anea y sillas. Él ya tenía calculado y cuando íbamos a acabar la faena y para cuando ibámos a acabar traía otro con más. Nos pagaban poco y seguro no nos hacían, pero en aquellos años, por sacarnos algo… íbamos unos cuantos. Nos pagaban a tanto la silla. Tantas sillas, tanto dinero, aunque no te sé decir a cuanto, y claro no hay recibos ni nada»

«Daniela, era la que más perras sacaba, porque acababa de enviudar y decía que aquello le iba bien para mantener la cabeza ocupada. A veces hasta se quejaba de dolor en la manos de daño que le hacían de apretar la anea fuerte. Iba también Antonia de Simón, María de Santangraciero,  Elena de Mariana, Emilia de Félix y no sé si alguno más, no sé si Joaquina de Juandolesa… Hombres iban también, mi marido, Segundo de Juandara, Mosen Ángel, que ese las pretaba bien fuertes»

«Traían la nea en jardos y la poníamos donde la puerta del bar. La teníamos un día o dos  a mojar ahí en la calle, para poner más suaves y las eslegiamos, que eramos egoístas para eso, no te creas. A veces se montaban discusiones, que si tú te has cogido la mejor anea, que si tú has venido antes para quitármela a mi…»

«Eran otros tiempos, y aunque ya te digo que aquel hombre nos engañaba un poco, bien contentas encima… que no era todo como ahora, como no teníamos nada, pues eso que te sacabas…»

«Éramos muy trabajadoras, ahora lo pienso y digo: manda tú a las chavalas de ahora a hacer sillas, a ver cuántas sacarían… No sé si sacarían alguna siquiera para sentarsen….»

 

Las fiestas, echarse novio y las bodas en Biniés. (Angeles y Daniela)

Angeles: «Nos hacían baile y venía un hermano de María Santangraciero, que era Sargento y tocaba música. Íbamos a palacio a escucharle con la bandurria. 14 años o así tendría yo. Aquello ya estaba todo quemado, y como no se podía entrar lo hacíamos en la capilla de abajo»

«A mi me daban permiso en casa para ir, que en aquellos años marchar a bailar por ahí con un hombre… ya eran modernos, ya.. ¡íbamos poco contentas!. Aquel mozo se murió bien joven.»

«Del castillo recuerdo aquellas escaleras que había, pendientes y en ruinas, pero ahí estábamos. Si llegan a caerse o a hundirse ahí estaríamos cuajadas.  Solo he vuelto a estar una vez después de arreglado, un día que llovía mucho y el otro dueño me dijo de pasar»

» Nos hacían también baile en la casa de Victor. En la parte de abajo había un bar, y con guitarras y bandurrias hacían baile, no había música como la de ahora. En alguna casa del pueblo también había música y fiesta, pero claro, los músicos no eran muy buenos y tocaban lo que podían o los que le venía en gana. Así vivíamos. Sabes que pasa, que había mucha juventud, y todos mezclados.. chicos y chicas, y nos entendíamos…. Lo pasábamos bien»

Novios y ligar.

Angeles: «Mira el cura que había entonces se llamaba Jose Manuel y tenía una casera, ese lo debía tener bien para ligar…  Los demás en aquellos años nos íbamos a las fiestas de los pueblos, a Berdún, a santa Engrancia… Lo pasábamos bien, a nuestra manera. Ahí solías conocer a gente y demás»

Boda

Angeles: «Yo me casé con mi marido que era de casa clavería, pero la boda fue en Casa Sastre. ¡Menuda boda!. Trajeron dos músicas y todo. Una de cuerda, que vino Manolín de Clavería a tocar y luego unos amigos de Luis, una especie de orquesta. Dos días de boda. De comer hicimos dos corderos. Teníamos rebaños de ganado y decía mi marido: «que no falte comida, que tenemos corderos abundantes», y así fue.  De invitados vinieron muchos, casi todos ya fallecidos, Celestino de casa juandolesa, familiares, amigos, todos los jóvenes del pueblo….»

«Viaje de novios no fuimos, porque mi madre no quiso que marchásemos, para que no la dejásemos sola. Nos fuimos después a Zaragoza y a Barcelona, que teníamos familia, pero nos fuimos después de casados. Antes no era como ahora, eso de los viajes… Si la boda era en verano, al día siguiente a segar…»

 

Las fiestas y bailes:

Daniela: «Los domingos se hacía baile para todos donde  está ahora el medico, al lado del bar. Ahí ibas a echarte novio, en los bailes. Había músicos de casa Paquito: “Lisardo”, el abuelo del actual Lisardo y aquel hombre tocaba la bandurria, y Alfonso Simón la guitarra.»

«Sé que se hacía baile en el palacio, pero yo ya no me acuerdo. Sí que me acuerdo de la noche en la que se quemó. Yo era pequeña, que tendría 4 o 5 años, y las llamas estaban muy altas. Se prendió aquello entero. Esa noche Biniés no durmió. Como había peligro de que las casas cercanas se prendiesen, me sacaron en brazos enronada en unas mantas y me llevaron a dormir a Casa Sanchez, que mi madre venía de esa casa y éramos familia, por si las llamas pasaban por los tejados hasta la nuestra. Los hombres tuvieron que ir a apagar el fuego por la noche, pero poco pudieron hacer»

Boda:

Daniela: «En las bodas se juntaban vecinos y familiares y la casa del novio o de la novia hacían una comida.  Yo me casé con Domingo, de casa Pedro, de Arrés. En mi boda pusimos de comer: Una sopa de caldo de Gallina, después pescado, merluza y gambas. Las trajeron de San Sebastián  y muchos del pueblo no las habíamos probado nunca. Antonia de Simón siempre me recordaba aquellas gambas. Después hubo tarnasco criado de la casa de la novia y se hizo en el hogar, con un espedo, recuerdo. Y de postre pasteles que bajemos de Jaca. Vino mucha gente. De cocinera estaba Carmen del Herrero y Emilia de Felix. Vino un hermano mío de San Sebastián y les dio 5 duros por buenas cocineras, anda que no se vieron contentas.»

«A mi me regalaron: dos toallas, un juego de café de cristal, un crucifijo y no sé que más…. Aún lo tengo todo.»

«Y ya, a vivir juntos. De viaje de novios nos fuimos a casa del Herrero, pues teníamos invitados y hubo que dejarles habitación en casa. Fíjate qué noche más intima, ahí con Carmen…» 

«Me casé mayor, pero bien»